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La pertenencia a la Comunidad de Cristianos es un paso que no se da por el hecho de asistir a las actividades y recibir los sacramentos. En las consciencias de algunas personas activas en nuestro movimiento sigue habiendo la creencia, seguramente un remanente de la iglesia católica, que la membresía se da por hecho. Si fuera así, contradeciría la libertad que prima en nuestro movimiento. Por la cual, este paso se ha dar en plena consciencia y después de unas entrevistas y preparación con el sacerdote. Por tanto, la decisión de querer hacerse  miembro y solicitarlo al/la sacerdote parte de la persona desde su total libertad y en ningún caso por influencia o inducida por alguien externo a dicha persona. Esta decisión conlleva la toma de consciencia de una trilogía que se manifiesta en tres ámbitos: de Destino aspecto espiritual, Personal aspecto del sentir y Social al hacer tangible este paso frente a los demás.

La membresía en La Comunidad de Cristianos. ¿Cómo entenderla?

Miembros, amigos, colaboradores, comprometidos, interesados, simpatizantes, curiosos, visitantes y me olvido de unos cuantos… son unos de tantos atributos que pueden definir las personas que participan de nuestras actividades y de los sacramentos que se imparten dentro de nuestro movimiento. ¡Sí¡ todo lo que fluye desde el altar se ofrece sin previo preámbulo que el de una presencia respetuosa.

¿Podéis imaginaros, por un momento, que en el relato de la multiplicación de los panes Jesús se parara frente a cada uno para preguntarle? ¿Estás bautizado? ¿Perteneces a esta comunidad? ¿Estás dispuesto a hacerte Miembro? ¡No! Él no pone condición, percibe que las personas tienen “Hambre”, no solo de alimento físico, sino de un alimento para el alma y da a los que piden.

Es así como irradia de Él la fuerza que sacia a todo el que reconoce su carencia. Por ello, se habla de que de Él, emana Don, Gracia. Es pues de esperar que La Comunidad de Cristianos quiera seguir esos preceptos y por ello la comunión se da a todo el que la pide sin necesidad de cumplir unos requisitos.

Entonces uno se podría preguntar, ¿por qué y para qué hacerse miembro? Pues, a fin de cuentas, ¡no conlleva ninguna ventaja, no tiene ninguna importancia y lo que necesito lo voy a recibir igualmente! Este tipo de pensamiento muy típico en las comunidades religiosas nos habla de lo que aún perdura en muchas almas, como resquicio de siglos de promesas de redención a cambio de… ¡la tan alegada “bula”!

Una postura totalmente alejada y ajena a la actitud de Cristo, ¿no os parece? Pues apela, por un lado, al egoísmo: “si quieres ir al paraíso, has de hacer esto, si quieres que el purgatorio te sea leve, has de hacer lo otro, además, ¡sólo los cristianos tienen acceso a la vida eterna!”. Y, por otro lado, ¡fomenta la dependencia hacia instituciones y autoridades fuera de uno mismo!

Una realidad y riesgo del que nadie está exento, tampoco nuestro movimiento, pues, en cuanto el “sacerdote” u otro elemento se torna autoridad incuestionable, ¡ya nos deslizamos hacia esos extremos!

renueva la comprensión de nuestra relación con Cristo

Además como decía una persona muy cercana a nuestro trabajo aquí, en esta corriente cristiana que lleva a la autoconsciencia, que renueva la comprensión de nuestra relación con Cristo, en su aspecto terrestre cósmico, y con la Trinidad, no te absuelven los errores, ni te prometen el paraíso, ni te aseguran que, cada vez ¡la vida será más fácil! Sino que se te ofrece “en libertad”, el que puedas acceder al reconocimiento de esta realidad, de tu deuda con el mundo espiritual y ¡te pongas a su servicio! ¡Es decir, remangarnos y ponernos a trabajar!

Tendremos que intentar entender que significa, en este caso, la membresía desde el enfoque de la Comunidad pues, ¡en ello radica uno de sus elementos de renovación!

Ser “miembro de” es pertenecer a una totalidad, es formar
parte de un conjunto, de un organismo, de un cuerpo más amplio. Es querer que ese “don” sea accesible a todos. Desde la experiencia de la fuerza de amor y de redención que vibra en Cristo, desde haber reconocido ese obrar, es
decidir ponerse al servicio de esa fuerza en unión con una comunidad para dejar obrar “Cristo en nosotros” y en el  mundo.

Así pues, todos son bienvenidos en La Comunidad de Cristianos. Y el que toma la decisión de dar el paso para ser miembro expresa su voluntad de participar en la construcción tanto en la salas de culto como en su corazón de la “mesa”, el “altar” desde donde fluye la fuerza que sana, reordena y de abrirse, acoger a los demás en libertad, tal y como son.

Todo un reto que manifiesta desde el “Hecho de Cristo” la nueva relación del ser humano con el mundo divino: de adulto a adulto, de yo a yo, para ejercitarnos a caminar desde el estado de criatura por el que seguimos bajo el yugo del padre, al de creador, al abrirnos a la fuerza del Hijo y ¡despertar a lo sagrado del espíritu!

Como dice Lin Yutang: “hay dos maneras de difundir la luz, ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja".

¿Cómo se da ese proceso de caminar hacia la membresía? ¿Qué supone tal decisión?

¿Caminar hacia la membresía?

Ha quedado patente que todo el que se interesa por nuestro impulso puede participar de las actividades de la Comunidad y recibir lo que como Gracia” fluye en las almas a través de los sacramentos, mas, esa participación no lleva como consecuencia ser miembro de la Comunidad.
Este es un paso que sólo se da desde la total libertad del adulto, desde una decisión propia.

En esta autodeterminación se reconoce la acción de Cristo: amor verdadero, poderoso, vivo. Ya no sólo se quiere recibir ese don sino que se ve la necesidad de formar parte de un organismo mayor, de una Comunidad que hace posible que esta fuerza sea accesible a todos. Deviene pues un compromiso que orienta y ejercita la propia voluntad al servicio de lo más elevado, la fuerza del “Yo soy”, de Cristo en nosotros...

La forma de descubrir la Comunidad es muy variada. Puede ser a través de una invitación a un bautizo, una confirmación, una boda, un sepelio. Y de pronto sin esperarlo uno topa de esta manera con los sacramentos renovados. Esto puede que le lleve a querer seguir aproximándose, vivenciar y conocer su impulso. Otros la encuentran desde la búsqueda personal de un lugar donde se practique la oración el dialogo con el mundo espiritual de una forma comprensible y experimentable, pero sin dogmatismo ni aspectos moralizantes. A veces son los propios hijos en su necesidad de una vida religiosa que conducen a los padres hacia La Comunidad de Cristianos. En el fondo es un sendero tan personal como la propia biografía y como en todo desarrollo espiritual cada uno vive el momento y la etapa que necesita. Por ello, es para nosotros esencial preservar y respetar la libertad de cada uno. No buscamos persuadir, forzar, influenciar para que se participe de nuestras actividades y menos aún convencer para que se dé el paso a la membresía. Este gesto, fruto de un tiempo de maduración, es el efecto externo de un proceso interior profundo llevado en la intimidad del corazón.

Puede pues que llegue el momento en que la persona despierta a esa pregunta y la exterioriza como una meta a alcanzar. Es un gesto lleno de significado tanto para ella misma como para la propia Comunidad. Pues está  manifestando la experiencia vivida de lo que es la esencia de la comunidad. A partir de este interés la persona se reúne con el sacerdote y dialogan de temas tan variados e
individuales como las inquietudes y motivaciones de cada uno.

¿Es necesario cumplir algún requisito?

No, nada en concreto, ni haber estudiado una serie de libros o artículos: el lenguaje del corazón es el que se expresa y se hace perceptible en los intercambios.
Aquí nos movemos en el área de lo personal,  concretamente del sentir.

A ello se entrelaza un elemento universal espiritual que nos habla de la transcendencia de este gesto. Pues en general el que toma esta decisión ha hecho una experiencia doble más o menos consciente. Por un lado, se ha percatado de la carencia que vive en él y por otro lado de la posibilidad de redención a través de la presencia sanadora de Cristo en los sacramentos. Es una experiencia individual intransferible que conmueve el alma en sus fibras más íntimas. Ofrece la intuición que la sanación “a través de Cristo y en Cristo” se hace realidad en cuanto que buscamos vivir desde él, unidos a la actitud que él encarna y que rememoramos en cada comunión frente al altar y con el prójimo.

Este camino de autodesarrollo y autoeducación en el que ejercitamos nuestra voluntad al servicio de lo más noble y lo más elevado en Cristo, encuentra un espacio de dialogo desde la orientación pastoral y un sostén en el sacramento
del Yo.

Aprende” así resuena el inicio del sacramento del Yo. Abre la perspectiva de que, cada momento, es la oportunidad de un nuevo comienzo, de un nuevo aprendizaje en la luz de Cristo. Unos días antes del domingo elegido para llevar esta decisión al altar se puede recibir este sacramento como una preparación a participar del culto con mayor consciencia. Ese mismo domingo se firma el libro de miembros, dejando constancia de este paso y se recibe por escrito el Credo de la Comunidad de Cristianos sabiduría cristiana en 12 proposiciones y el Padrenuestro como un camino a ejercitar.

En la siguiente reunión de miembros se abre un espacio para que los nuevos miembros se presenten. Este evento hace tangible el aspecto fraternal de esta decisión frente a la comunidad, uniendo destinos y senderos de  aprendizajes.

Se han entrelazados tres aspectos: personal, espiritual y social y dan realidad a este compromiso en el que se desvela de nuevo el aspecto trinitario del ser humano.

Es el inicio de un peregrinar como individuo dentro de una comunidad hacia una meta común pero vivida de forma propia: ¡el vivir en Cristo!

Miembro de La Comunidad de Cristianos

En los apartados anteriores hemos, paso a paso, recorrido el camino que puede llevar a la toma de decisión de hacerse miembro de la Comunidad. Vimos que se daba en varias etapas, acercarse primero a las actividades que ofrecemos, colocarse en una disposición de escucha frente a la Palabra que en los diferentes sacramentos fluye como manantial de vida, percibir como resuena en el interior del alma y experimentar la sintonía, según destinos y necesidades, con la propia búsqueda. Con ello, se puede dar el percatarse de haber encontrado el hogar tan anhelado.

Esto lleva durante un tiempo a seguir querer experimentar esta realidad y afianzarse en ella hasta poder llegar a sentir la necesidad, no solo, de sostener este movimiento con aportaciones, tanto económicas como físicas, sino de querer vincularse con esta corriente de misterios, afianzada en el mundo. Cuando una persona después de una participación activa en nuestro trabajo se decide a sostener este impulso es:

  • no sólo por descubrir en su corazón el significado profundo del ser humano que abarca tanto el nivel individual como comunitario;
  • no sólo por vivenciar la fuente sanadora que palpita en los sacramentos, un manantial que a la vez engendra nuevos impulsos sociales y es creador de gérmenes de vida para un mundo donde prime la fraternidad, la igualdad y la libertad;
  • sino por haber despertado a la profunda comprensión del significado que alberga el impulso de la comunidad, tanto para nuestro planeta tierra como para el cosmos y la evolución de la humanidad. Cuando esto se da, acorde al destino de cada uno y las necesidades de lo que se viene a experimentar en este recorrer biográfico tan individual e intransferible, la cuestión que se plantea es como mantener ese lazo de unión con el Ser al cual La Comunidad de Cristianos y sus miembros quieren servir. Un ser de Amor, de relaciones vivas y fructíferas, de transformación, un ser que fomenta el advenir a conquistar en libertad la colaboración con el maestro más elevado, con la fuerza de Cristo, sentido de la tierra desde el Misterio del Gólgota.

Bien, pues, si observamos el recorrido que intentamos transitar, es en sí mismo el que vivenciamos en toda su manifestación sensible y suprasensible a lo largo del Acto de Consagración del Hombre:1) escucha Evangelio 2) renuncia de lo propio a través del interés Ofertorio 3) Transformación para alcanzar en su cuarta etapa 4) la Comunión, la unión, la redención de la separación a través de nuestra entrega, devoción y compromiso.

¿Cómo, pues, mantener vivo cada día este compromiso adquirido en libertad?

La participación activa en la vida sacramental que ofrece la Comunidad, el ejercitar lo sagrado en la relaciones humanas y con el mundo son los campos en los que ejercitamos el aspecto socialespiritual de nuestro impulso. Más, hay un aspecto que depende de nuestra diaria dedicación personal y que ahora quisiera desarrollar.

En la mañana, antes de sumergirse en las tareas cotidianas, es conveniente crear un espacio de gratitud hacia las fuerzas renovadas durante la noche y mirar el día que amanece, a la espera de ser vivido. La lectura y meditación de las 12 enunciaciones del “Credo” de La Comunidad de Cristianos es un pilar, un sostén para emprender con coraje y entusiasmo las tareas que ya llaman a la puerta, para decir que “¡Sí!” a lo que el día nos quiere traer… El tiempo de dedicación es lo de menos, lo más importante es la intensidad de esa entrega.

Podemos ejercitarnos en una frase distinta cada día o una durante una semana o un mes… o coger una sola palabra… Lo que nos nutre es ese goteo homeopático que, día a día, va impregnando el alma y la eleva hacia su meta: aprender a ser puente entre cielo y tierra y en nuestro caso reavivar el compromiso.

Al mediodía, por un momento reanudar con un pensamiento los motivos de nuestro hacer en el mundo.

A la noche, al despedir el día, la gratitud vuelve a ser un elemento esencial. Ella nos ofrece mirar la vida desde su maestría y aprendizaje, aprender a discernir la semilla conquistada y lo que queremos seguir desbrozando y practicando. El “Padre Nuestro” en sus enunciaciones nos ayuda a mirar con objetividad el día transcurrido y a extraer el fruto que agradecidos podemos retornar. La práctica diaria a través de la oración y la meditación nos permite establecer un dialogo intimo con esferas de conciencia ampliadas. Son parte de un camino que cuando lo recorremos nos favorece reanudar a diario con nuestra pertenencia al organismo vivo del que es” el camino, la verdad y la vida”.

Al dar ese paso tomamos a nivel individual el compromiso de llevar en consciencia esa pertenencia, buscando sentirnos formando parte de un organismo que acoge a todas las comunidades de cristianos del planeta, a todos los seres que se vivencian como célula viva de una entidad que abarca al universo en su abrazo de amor… Es interesante saber que cuando Rudolf Steiner constituyó “La Primera Clase” de Escuela Libre Esotérica, dentro del marco de la Sociedad Antroposófica, consideró que todos los sacerdotes en La Comunidad de Cristianos por el compromiso sellado a través del sacramento de la Ordenación y el desempeño de sus tareas, cumplían con los requisitos para pertenecer a esa esfera.

Hoy esto ha cambiado dejando que de forma individual este paso se dé desde una petición explicita de cada sacerdote y no como consecuencia directa de la propia Ordenación. Tanto en la Sociedad Antroposófica como en La Comunidadm de Cristianos la membresía confiere la responsabilidad de dar testimonio del compromiso libremente adquirido a través de esa decisión.

¡Escríbenos!